Estoy haciendo espacio en mi cabeza. Hay tantas cosas, que de vez en cuando hay que sacar algo. No es que sean cosas de gran valor, pero, que se yo, me gusta tenerlas dando vuelta, hasta que me canso, y las tiro.
Por ejemplo, hoy fui a jugar.El ambiente de los bingos es particular. La mayoría son mujeres," viejas", que fuman y fuman, y cantan linea y bingo siempre antes que yo. También hay hombres, pero menos. Se dividen en varias clases: Los jugadores, mediana edad, que también fuman, juegan de a cinco cartones, y no le echarían ni una mirada a Angelina Jolie aunque se pusiera en cuatro patas sobre la mesa. Un poco porque pensándolo bien la Jolie no debe ser su tipo, a lo mejor la Cirio tiene más chance, pero no me arriesgaría a apostar. Estos tipos cuando juegan, juegan. Otros son los que "vienen de vez en cuando". Jóvenes, apenas salidos de la adolescencia, toma cerveza, se ríen, y ni la Jolie ni la Cirio ( ni ninguna)llegaría arriba de la mesa. Están los cónyuges, que van siempre con la esposa, y los viejos. Ancianos de pelambre diversa, gruñones, amables, caballeros, galantes, hacen del salon del bingo lo que sus padres o abuelos del bar de la esquina. Matan el tiempo.
Las mujeres, juegan, fuman, hablan, se ríen. Y comen y socializan. Y si bien son diferentes, es dificil arracimarlas. Claro, hay gruñonas, bellas, trabajadoras, impecables, desharrapadas. Pero hay un aire de pertenencia entre las mujeres, que no hay entre los hombres. Tal vez ser mayoría les haga sentir que estan en territorio propio.
Pero el ambiente no es alegre, un poco porque nadie se puede distraer demasiado,y porque, bueno, la mayoría va perdiendo y eso desesperanza. Porque no es como en un baile, donde uno puede optar por el premio consuelo, y si a cierta hora no encontró a la persona de sus sueños, se conforma con la de los sueños de otro, por ejemplo, del que cuida los autos. En el juego no. O ganas, o no ganas.Hay algo de emocionante en eso, y tal vez sea lo adictivo, sentirnos afortunados, protagonistas de un suceso casi mágico.Porque las minúsculas fortunas en juego carecen de fuerza para modificar la vida de nadie, pero la sensación que atrapa es precisamente la de lo aleatorio, lo ajeno a cualquier esfuerzo o virtud: el dedito de la suerte me apuntó mí. Esa es la satisfacción. Y la emoción ...
Muchos sueños sobrevuelan las mesas. Las señoras sueñan sus sueños transparentes, mientras el tiempo las empuja despacito hacia la vejez. Las amas de casa se escapan de la rutina de lavar y planchar, las oficinistas del jefe, o de las malas compañeras, las mucamas del dolor de cintura y el agua fría, las más jóvenes del desamor, las mas viejas, de la casa vacía...Y todas de la frustración, el aburrimiento y la rutina.
Para mañana: "Cumplir años"
martes, 19 de enero de 2010
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